En
1976 -ahora hace treinta y cinco años-, Carles Cañellas
-posterior fundador de Rocamora Teatre-, vio actuar a Pepe
Otal y su "Grupo-Taller de Marionetas" en La Rambla
de Barcelona. Pepe animaba una marioneta que representaba
un encantador de serpientes. El muñeco, vestido al
estilo hindú y con turbante, estaba sentado en el
suelo y simulaba tocar una flauta con las dos manos. Frente
a éste había un cesto, de donde salía
una cobra que se movía con lentas ondulaciones, siguiendo
el ritmo y los movimientos de la hipnótica flauta...
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Al
acabar la breve actuación, Carles se dio cuenta que
ante él se había abierto una puerta que debía
atravesar inmediatamente. Lo que acababa de ver le había
impresionado muy profundamente: La marioneta no sólo
había encantado a la serpiente, sino también
a él mismo. Aunque entonces estaba cumpliendo el
servicio militar obligatorio, pasó el resto del permiso
del que disfrutaba esos días, más todos los
que tuvo hasta licenciarse, en el "Taller de Marionetas"
como miembro del grupo, aprendiendo a construir y manipular
y también actuando en la calle con estos "objetos
escénicos" que lo habían cautivado de
manera tan súbita e intensa.
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